El arco de ingreso a la ciudad de Corral de Bustos Ifflinger no es solo una estructura arquitectónica: es un símbolo profundamente arraigado en la identidad local. Su presencia marca un umbral, un punto de encuentro entre lo que se deja atrás y lo que se construye hacia adelante. En esa dualidad nace la inspiración para este desarrollo.
A partir de sus formas, se realizó una síntesis gráfica que respeta la esencia del arco, reduciéndolo a sus líneas más significativas. Este proceso no busca replicar la obra, sino reinterpretarla, transformándola en un lenguaje visual contemporáneo, versátil y fácilmente reconocible. La geometría, la simetría y la contundencia de sus trazos permiten que el símbolo funcione tanto en aplicaciones institucionales como en soportes cotidianos.
Lo que comenzó como una abstracción conceptual se consolidó como un signo de pertenencia. En el marco de una gestión política, este ícono fue adoptado por la comunidad, trascendiendo su función original para convertirse en un emblema colectivo. Su valor radica en esa apropiación: cuando el diseño logra conectar con las personas, deja de ser solo una propuesta visual y pasa a formar parte de la cultura.
Este proyecto refleja nuestra forma de entender el diseño: como una herramienta estratégica capaz de traducir identidad en símbolo, y de generar vínculos reales entre las instituciones y la comunidad.







